La mejor preparación no consiste en buscar una profesión supuestamente a salvo de la IA, sino en prepararse para evolucionar con ella.
¿Qué carrera elegir cuando la inteligencia artificial está transformando profesiones que hasta hace poco parecían difíciles de automatizar? ¿Cómo prepararse para un mercado laboral en el que muchas de las herramientas y competencias actuales podrían cambiar radicalmente en los próximos años? Estas son algunas de las cuestiones que afrontan los jóvenes a la hora de decidir su futuro universitario.
La respuesta no pasa por intentar anticipar qué profesiones desaparecerán o cuáles estarán a salvo de la automatización, sino por desarrollar los conocimientos y las capacidades necesarios para afrontar esos cambios.
Contar con conocimientos sólidos en una disciplina es el punto de partida para utilizar la inteligencia artificial con criterio. Esa base permite formular mejores preguntas y detectar respuestas erróneas o incompletas. En manos de una persona con conocimientos, experiencia y criterio, la IA multiplica las posibilidades de creación, análisis y desarrollo.
La inteligencia artificial puede servir de apoyo en el ámbito académico y creativo al agilizar procesos como la búsqueda de referencias en diseño, la creación de prototipos en videojuegos, el desarrollo de guiones y la revisión de código. Para aprovechar estas posibilidades, los estudiantes necesitan pensamiento crítico y creatividad: deben verificar la información, cuestionar lo establecido y aportar una perspectiva propia.
Aunque se advierte del riesgo de que el uso indiscriminado de estas herramientas genere soluciones creativas homogéneas. Por eso, la IA debe funcionar como un copiloto que enriquezca el trabajo, sin sustituir la originalidad ni el criterio de quien lo desarrolla.
La colaboración entre disciplinas y los proyectos vinculados con necesidades reales permiten trasladar estos conocimientos a situaciones concretas. Un ejemplo es Medscan, una aplicación desarrollada por cinco estudiantes de los grados en Ciencia de Datos e Inteligencia Artificial y Desarrollo Full-Stack de UDIT.
La aplicación permite fotografiar un medicamento y consultar su prospecto mediante un asistente de IA que ofrece respuestas comprensibles basadas en información oficial. Su propuesta fue facilitar el acceso a información sobre medicamentos, especialmente entre las personas mayores. El proyecto fue premiado en el hackathon internacional OdiseIA4Good 2026, en el que participaron 112 equipos.
Medscan ilustra cómo la formación especializada y la inteligencia artificial pueden combinarse para explorar soluciones a necesidades concretas. Como explica Alonso, los estudiantes pueden llegar al mercado con productos y soluciones más contrastados, reduciendo tanto los costes como los riesgos asociados a su desarrollo.
UDIT valora a los profesores que compaginan la docencia con su actividad profesional, porque conectan el aula con la realidad de sus sectores. La IA puede ayudar a identificar dificultades para comprender un concepto, mientras que el profesor puede reconocer otros factores que influyen en el aprendizaje, como la motivación o la confianza, y acompañar al estudiante para superarlos.
La IA refuerza sus funciones más valiosas: orientar, motivar, inspirar y desarrollar aquellas capacidades humanas que la tecnología puede potenciar, pero no reemplazar.
En un mercado laboral en constante transformación, el conocimiento experto es lo que convierte a una persona en un buen usuario de la inteligencia artificial. La mejor preparación para el futuro no consiste en elegir una profesión que aparentemente esté protegida frente a la IA, sino en desarrollar las capacidades necesarias para evolucionar con ella.